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martes, 10 de mayo de 2016

VERDADES EN DIEZ PALABRAS (19)

ESPAÑA INVERSA

DOS aforismos, axiomas, versos, propósitos propios o despropósitos...





En www.salamancartvaldia.com tenéis mi artículo del martes 10/5/2016.

Acompañadme:

http://salamancartvaldia.es/not/59602/con-hillary-clinton-si-puede#sthash.9eH22zB3.dpuf

Título: "Hillary Clinton, sí se puede"

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Más que jodidos, preñaos

Hace cuatrocientos años que Descartes dijo aquello de “pienso, luego existo”. Lo dijo como una verdad absoluta y hoy se pondría en duda ante esa cruel enfermedad que deja a quienes la padecen en estado vegetativo. Pero éste es un enorme reto científico y la razón del presente artículo está en desentrañar la filosofía, es decir, en los matices que en la actualidad tendría la sentencia de Descartes. El resultado sería algo así como “pienso, luego soy un peligro”, o “pienso, pueden demandarme”. El pensamiento racionalista actual cotiza a la baja, y puesto que el poder lo detenta el dinero, no cabe duda de que sea éste quien cavile. Y de esta manera es más fácil que el poder escuche una conferencia de Octavio Acebes a que profundice en pensamientos filosóficos. Así, quién no ha escuchado alguna vez la frase imperativa “calla, que a ti no te pagan por pensar”. Es como un anticipo, una premonición de lo que está por venir, y si se pierden las formas, volverán los súbditos, y aunque en un principio la pérdida de respeto retrate más a quien la practique que a quien la soporte, una manzana pocha termina por pudrir a todas las demás, y la indignidad será la moneda de cambio. Volverán los amos, castigarán a sus siervos de manera desproporcionada y hasta les quitarán su hacienda. Además, esto nos consuela, caerán en desgracia palmeros como Sostres o Dragó porque estarán ya amortizados. Ahora son dos verdugos que culpabilizan de todo a esos trabajadores que están por debajo de la pirámide, para quienes sirven recetas como la de excluirlos, defenestrarlos, echarles la culpa de la crisis y pedir para ellos una reforma laboral que acelere la esclavitud.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los chanchullos

Este ha sido el virus por excelencia en nuestro país. En mi pueblo lo llamábamos “jeringonza”. Hay quien sale por la mañana, se dirige a una gestoría, deja sus papeles y a continuación la frasecita: “Oye, a mí hazme cualquier chanchullo pero yo no pago eso”. Se marcha y el gestor se queda estupefacto. El individuo en cuestión, en adelante “el señor”, se dirige al banco y allí pide que le hagan cualquier chanchullo para que no aparezcan tantos ingresos de cara a Hacienda. El banquero intenta explicarle y el señor le contesta: “Venga, no te enrolles, tú estúdialo y mañana me lo cuentas”. Después compra unos muebles en la tienda de al lado con una condición. “Oye, que a mí no me cobres el IVA”. “Señor, le contesta el dependiente, es que nosotros no estamos por módulos, nuestra contabilidad es directa”. El señor le responde: “A mí no me vengas con ese argumento, tú has algún chanchullo, que sé que lo puedes hacer… ¡qué me vas a contar!”. A continuación entra en la Abogacía y pregunta cómo va lo suyo. “Mal, muy mal, ibas sin cinturón, llevabas un faro roto, te saltaste el semáforo en rojo y para que no pillaras a la viejecita, ésta tuvo que correr y casi le da un infarto, aparte que ni siquiera nos hemos interesado por ella”. El señor contesta: “Pero algún chanchullo se podrá hacer, ¡digo yo!, anda, estudiadlo”. Llega a casa y allí le esperan unos albañiles para hacerle un presupuesto sobre una obra y le explican diferentes precios dependiendo de la calidad. Como el señor lo quiere todo bueno, bonito y barato y es consciente de que el trabajo está muy difícil para los obreros, se decide por una propuesta “intermedia”, es decir, la de mejor calidad al precio más económico. O sea, donde le ofrecen gotelé, él pide estucado. “Oiga, le contestan, eso no puede ser, ¿no lo comprende?”. Enseguida el señor salta como un león y los pone a caer de un burro: “A mí no me vengan con chanchullos, que yo soy una persona seria. Ya saben, si lo quieren así, bien; si no, lo dejan. Pero chanchullos no los consiento”. Aquí termina una historia interminable: La de aquellos que ven la paja en el ojo ajeno pero no ven la viga en el suyo, algo que lo entiende todo el mundo. Pero de lo que hablaremos otro día, porque necesita explicarse, será de “ponerles a caer de un burro”.