Un nuevo año nos amenaza y nuestra victoria será imprimir
una muesca más en la culata de la vida. Hay que entrar en ese año desconocido, hacerle frente y
salir indemne. Así es la vida: una sucesión de años por pelear. Y si viviéramos
dos vidas percibiríamos que sólo existen dos tipos de individuos entre los que
gobiernan el mundo: quienes buscan el dominio a
fuerza de ser temidos y quienes lo consiguen por mor de ser queridos. Y
¡qué leche!, no hace falta que vivamos dos vidas ni que busquemos esos tipos
entre los que se sientan en el G20 o en el Club Bilderberg, sólo tenemos que
pensar en aquel profesor o patrón que fue temido o querido y enseguida
percibiremos que la temeridad no fue la rueda buena que le llevó al triunfo, y
hasta fuimos testigos de las urañas arrugas con las que el tiempo surcó su
cara, hoy quizá disimuladas por la estética, pero en su interior, porque ellos
no cambian nunca, habrán quedado anticuerpos que buscarán el poder hasta el
final de sus días, con lo que será fácil que los hallemos en la Residencia
haciendo trampas a las cartas. Éstos no son un ejemplo de vida. La experiencia
nos inclina a recomendar un mundo feliz a través de quienes buscan ser
respetados por ser queridos. Una razón que debería estar presente en todos los
órdenes de la vida, no hace falta ser líderes. Y pensar en ello es casi una
obligación en estos días de Navidad, una época del año que rima con felicidad. Ser
felices es la senda que todos marcamos en nuestro GPS particular. Pero la
felicidad también es un volcán que se abre desde dentro, tampoco dependamos en
exceso de los demás, ya que usted puede ser un showman genial y sin embargo no
conseguir ni un solo aplauso. Si quieren un ejemplo, les puedo decir que lo
ideal sería que nos quisieran tanto como se quiere al esposo de Alaska, ese
estrambótico hombre alternativo, personaje de 2014... 15... 16..., que se llama
Mario Vaquerizo, y que por muchas vueltas que le demos nunca nos explicaremos por qué le queremos tanto.
¡Feliz Navidad!
Título: "De portal y portazo".
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