miércoles, 9 de enero de 2013

"Camina, no corras"

Un lugar demasiado común eso del árbol, del hijo y del libro. Pero me vale para decir que en la actualidad me hallo plantando mi tercer libro, que es lo mismo que plantar un árbol, o sea, dejar que crezca, labrar la tierra y esperar. Y en esto de esperar, un autor francés decía “que de nada sirve correr, lo que conviene es partir a tiempo”. Por ahí, por ahí va el título de mi libro: “Camina, no corras”. Pero es algo más que el título, es un fantasma que me persigue y me dice que quien hace un cesto hace ciento, y me asalta con su sábana blanca: “tú tranquilo”; sin embargo, no me ha dejado en paz hasta acabarlo, quizá motivado por los muchos viajes que le puedo contar, pues viajar es lo que más me gusta de la vida, viajar para dentro, soñar, y vaya que he soñado, hasta ir a conocer a los trovadores para sacar la poesía de raíz. El resultado, temas trascendentes o la vida misma, quevedescos pero no sarcásticos, y sobre todo variados, con vocación de ser amable en transparencia. Por supuesto, que son poemas, blonólogos poéticos y algo más de quien les habla, pero como no sé si soy el original o la copia de ese que firma mis libros como Fernando Robustillo Rodela, háganle un seguimiento a él por impostor, aunque para mí sea el autor que me ennoblece. Borges decía, a propósito de la impostura, que quizá él fuera un impostor de todos los escritores que le habían gustado e incluso de los que jamás había leído. Visto así, yo soy un impostor de la teoría borgiana, puesto que los libros que no hemos leído mi tocayo y yo sí han pasado al acervo popular y la historia ha traído palabras que las usamos y a saber de qué libro pudieran haberse caído.

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