viernes, 6 de abril de 2012

Perdón, Señor

Que Dios me perdone, pero esta Semana Santa no puede ser tan santa para mí como para María Dolores de Cospedal, costalera del Cristo de la Caridad en Ciudad Real. Por este año, haré apostasía de mis principios, porque mi semana santa no puede ser la de Maríadolores. Y que Dios me perdone pero, acaso por Maríadolores, mi semana santa no tiene un solo crucificado, sino todo un IRPF de crucificados por los Impuestos, Reforma, Presupuestos y Futuro muy oscuro sin trabajo en el carbón. Todo un viacrucis, Mariló. Perdóneme, mi Señora, pero las procesiones se borran de mi mente y sobre mi cabeza revolotean los músicos de la calle, esperpentos que duermen en cajeros, fariseos que le dan a la pelotita en días de huelga, o pobres indigentes de Valladolid. Usted también, Maríadolores, con la cruz a cuesta, llega a mi procesión profana pinchada por la mantilla y sacrificada con zapatos de aguja. Perdóneme usted, pero este año no estoy para lo religiosamente correcto -“Los diez mandamientos”, “Ben-Hur” o “La caída del Imperio Romano”- y en su lugar, Dios mío, comencé el lunes con “El acorazado Potemkim”, martes “Sacco e Vaccenti”, miércoles “La naranja mecánica”, jueves “Alguien voló sobre el nido del cuco” y el viernes “El gran dictador”, aunque unido a mis semejantes, respetaré la vigilia, pero en su lugar, como siempre, pecaré por gula y me hincharé de torrijas de leche; de mala leche, señora Cospe.

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