viernes, 27 de abril de 2012

Chupa-chups

Que nadie crea que el comercio con los chinos sea algo novedoso. Los españoles y chinos tuvieron sus querencias y desavenencias en la Nueva España, que así se llamaba a los territorios que anexionábamos fuera de la península, entre ellos Filipinas. Los chinos, entre los siglos XVII y XVIII, a cambio de plata, de ahí el peyorativo término con el que nos referimos al dinero, nos suministraban toda clase de té, mantelerías, porcelanas, jarrones, etc.… Pero lo que nadie sospechaba era el uso que le darían a la plata, pues aparte de unos cuantos mausoleos a la familia Manchú, no se conocía el destino del resto. Un día los chinos filipinos cayeron en desgracia y fueron expulsados de Filipinas. Entonces los franceses e ingleses, estos últimos sobre todo, entraron a negociar con ellos, y a cambio del opio que traían de América, los chinos les darían la plata. Así, fumaos (no confundir con Fu Manchú, que es de ficción), vivieron unas cuantas generaciones, hasta que la dinastía Manchú o Qing fue expulsada del poder en 1912, ahora hace un siglo. Pero cuánta plata no les entregaríamos, que en las postrimerías del siglo XX sacaron las reservas e invadieron el mundo de calculadoras, móviles, tontones y todo aparato que contuviera un chip o una pila. Ahora sólo nos queda contraatacar, y como existe un mercado de 1.400 millones de chinos en el mundo, mi tentación es marchar para allá y ver qué necesitan, qué se les puede vender… Me he asesorado y uno me ha dicho que ya hubo un intento de venderles chupa-chups, pero lo del palito no funcionó. Otro me comentó la maldad de venderles condones, pues con el empleo de poco material me forraría. Otro, abrir academias en China y enseñarles nuestra Lengua, pero éste no debe conocer a los chinos, no sabe que éstos aprenden las lenguas en dos sesiones. Tan rápidos, que en el caso del chupa-chups no compraron ni uno, pero todo el mundo decía: “jejejé chupa-chups”, “jejejé chupa-chups”…. Honolables.

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